domingo, 8 de julio de 2007

Napoleón Bonaparte jugando con madame de Remusat

Esta es la partida reconstruida según las Memorias de madame de Remusat.

Nota: En los salones aristocráticos del siglo XVII y principios del XIX, era costumbre ceder a las damas las negras con la salida para que el negro de las piezas contrastase con la blancura de sus manos.

Madame de Remusat (negras) – Napoleón (blancas)

1..., d6

Salida reservada y tímida.

2. Cf3, e5
3. Cc3, f5
4. e4, fxe4
5. Cxe4, Cc6

Jugada dudosa, que revela la distracción de Madame Remusat y que permitió a Napoleón apoderarse del ataque.

6. Cfg5

Audaz jugada de Napoleón.

6..., d5
7. Dh5+, g6
8. Df3, Ch6
9. Cf6+ Re7
10. Cxd5+ Rd6
11. Ce4+

El ataque blanco continúa implacable.

11..., Rxd5
12. Ac4+

Las respuestas negras son ya obligadas. Este sacrificio del alfil blanco es decisivo, permitiendo un mate en tres movimientos de gran elegancia. Después de jugar el alfil, Napoleón Bonaparte, con la cabeza apoyada en la mano izquierda, citó unos versos de Corneille del acto IV, escena II de su obra Cinna (la obra maestra de Corneille según Voltaire).

Quién perdona fácilmente, invita al delincuente:
Castiguemos al asesino, declaremos proscritos a los cómplices
¡Más qué! Siempre sangre, y siempre suplicios…
Y la sangre derramada de mil conjuras
Marcando mis días malditos.

Madame Remusat, preocupada por el drama que se estaba urdiendo en el castillo de Vincennes, lugar del fusilamiento, parecía no estar en el juego y el Primer Cónsul, advirtiéndolo, le dijo suspirando: “¿También estáis distraída?” La partida continuó:

12..., Rxc4
13. Db3+ Rd4

Y recitando los versos del acto V, escena II de Cinna:

Yo soy mi maestro así como del universo:
Lo soy y quiero serlo. ¡Oh siglos! ¡Oh memoria!
Conserva mi última victoria para siempre.
Yo triunfé hoy de manera justa
Lo que me recuerda que puedo llegar hasta vosotros.

Napoleón jugó:

14. Dd3++

Agregando: “Os he dado jaque mate. Mañana os tomaréis el desquite. Hablemos ahora de otra cosa.”

Los rostros estaban graves y tristes. Sólo se oía murmurar a Napoleón, que paseaba rápidamente por el salón con las manos a la espalda, estos hermosos versos de Alzira (tragedia de Voltaire):

Los dioses a los que servimos conocen la diferencia.
Los tuyos piden la muerte y la venganza,
Y los míos, cuando tu brazo acaba de asesinarme,
Me ordenan que te compadezca y te perdone.

Pocos días después, el 18 de mayo de 1804, Napoleón se convertía en el Emperador de los franceses.

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