lunes, 16 de julio de 2007

El torneo

Se escucha el murmullo de los competidores.
Los cuerpos electrizados, esperan la primera ronda.
Solamente los virtuosos, estarán en los premios.
Todos los demás ya han sido premiados al esculpir su alma
en la lucha, de los tableros pasados.

La voluntad se engrandece
y la adrenalina recorre todos los cuerpos.
El corazón se desborda en latidos ahogantes
y alguna arritmia, que me desquicia.
La concentración brota en cada mesa.

Increíblemente hay un silencio absoluto en toda la sala.
Me asombro de ver tantas personas jugando.
Escucho el zumbido de una mosca, salgo de mi concentración.
Me ausento unos minutos de mi partida, y llego al baño.
Entro en un vacío mental.

Orino,
me veo en el espejo,
escribo en una papeleta de ajedrez algo de mí,
en un poema cristalizado en segundos.

Tal vez pierda.
Tal vez gane.
Tal vez haga unas tablas.

Pero jugar en un torneo es descansar mi alma en un tablero.
Regreso y tomo asiento, me olvido de todo y muevo mi pieza.
... La sala esta vacía.
Tan solo estamos los jueces
y dos mesas compitiendo.

Finaliza la otra mesa que está al extremo de la sala.
Aún me siento fresco. Voy nuevamente al baño,
termino mi poema, regreso y gano mi partida.
Mi contrincante me sonríe de compromiso,
termino el día, fue la última partida del torneo.

La noche me abraza,
las luces artificiales me envuelven, voy rumbo a mi casa,
me pierdo entre los autos y mis sueños.

Es de día, mi rival de ayer me sonríe, es otra sonrisa.
La partida de ayer la tenía ganada con esta variante,
el mismo cuento de nunca acabar, me retiré callado sin responder.

Escuché el murmullo de los competidores listos a la siguiente ronda.

Siempre en cualquier lugar
y cualquier evento uno puede dar más o haber tenido éxito.
Pero simplemente uno en un torneo tiene que ganar.

Las piezas se trenzan con mis ideas en el tablero.
el peón aislado

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