viernes, 8 de junio de 2007

Ajedrez una historia

Por Jaime León Cuadra

Reyes y Reinas se han reunido en un tablero
Para poner en juego Reino y poder
Creando sentencias con reglamentos;
Al alba silbando al viento :
Los clarines cumplen con su deber.

Levantan polvo todas las viejas
Cuchicheando penas del Lucifer
Mientras engalanando están Palacios
A voz de mando príncipes y Rey;
Se prepara una contienda
En un tablero nogal, de ajedrez..

En tanto el pueblo clama ¡justicia mierda!
Y también un poco de libertad
Reyes inventan juegos muy doctorales
Gritan acerbos los populares
Para alegrar sus tardes de ociosidad.

Dispuestos están Alfiles en diagonales
Caballos saltarines de buena ley
Resguardados por Torres muy señoriales
De marfiles cubiertas protegen al Rey.

En campo de batalla cuadriculado
El enemigo contará el mismo arsenal
Dos torres, dos caballos y dos alfiles
Y en número de ocho de cada lado
De miedo o de infarto que es un encanto
se sacrifica el blanco o el negro peón.

Los clarines invaden la tarde
anunciando real batalla
silban los bronces
el puebo calla.

Se abre el juego y es un peoón que avanza
la linea del Rey deciden las blancas
Contestan las negras peón del Rey
Estrategias se siguen y ¡qué caramba!
Ante tal audacia; adelante el peón de la reina
Y para cerrar el primer ataque
Gambito del Rey.

Se miran a los ojos los cuatro peones
Empieza a subir el tono y la emoción
La estrategia parece buena y en el tablero
Hace que palpite del Rey abuelo, su corazón.

Las Damas son bellas y angelicales
Los Alfiles besan sus manos de casto amor
Y dispuestos los mozos en diagonales
Van a dar la vida por dulce honor.

Montado en la grupa Caballo blanco
Pa proteger del susto al peón del Rey
Se desplaza fiero por el tablero
Alazán es el reto y va en buena ley.

Piensa que piensa piensa un Rey muy negro
Desplaza en el tablero elegante Alfil
Dejando las cosas en tal suspenso
Como el misterioso canto del colibrí.

El turno ahora es del Rey blanco y
Decidido el ataque siempre sostener
Hasta poner al adversario en hermoso jaque
Comiéndole un osado peón a su Mercé.

Con cierto regocijo indica al contricante
Al señor Rey con enorme placer
Yo le doy como advertencia un primer jaque
Ahora le toca con prudencia jugar a usted.

Va de retro Satanás y con cierto orgullo
De si mismo seguro le indica ¡Hey!
No ve que avanzando otro peóncito
Controlo el blanco peligro dentro de la ley

¡Eso érale! exclama Rey blanco casi molesto
Haciendo un movimiento y un paso atrás
Es cierto por un momento : acepta malhumorado
Siguendo sabio consejo : va de retro Satanás

Tenía razón el Rey Negro, equiparando el juego
Lindo ajedrez; se envalentona con su arsenal negro
Y no piensan que es mejor ir despacio por las piedras
Y no con soberbia irrazonada cometer fatal error.

Entonces la soberbia se hace oscura
La Dama negra salta al campo con temeridad
Y despreciando el peligro al borde de la locura
En un reto insolente y fiero de necedad.

Los alfiles y los alazanes enamorados
en torno a ella toman la desición
de defenderla a muerte poniendo siempre
el pecho al frente
y como escudo soberano
el corazón.

En cambio los contrarios blancos se concentran
Preparándole una emboscada cruel y fatal
Relucen las espadas y los florines
El juego pa’las negras se anuncia mal.

Pero la Reina Negra es muy lista y valiente
sabe que con su hermosura desconcentrará
A cuanto peón blanco que bobos la contemplarán
Exasperando la ira del enemigo que se limitará
A mirarla con cuidado, sin atreverse a mucho más.

El Rey negro infla el pecho
y la deja ahí no más
Para infundir respeto y alentar a su staf
Se piden unos minutos de buena pausa
Aceptan todos y van a descansar.

Pero no hay tal descanso en ningún reino
El griterio de la prole es fenomenal
Si ganan los negras harán blancos esclavos
Y eso para la historia sonará muy mal.

No se puede jugar con el destino critica la Curia
En un tremendo sermón dominical
Reunidos en fausto junto a la Iglesia
Desde el Obispo grande al clerical.

Se elige entonces con todo poder
Dos delegaciones pastorales
Con los mejores encajes sacerdotales
Precide en pleno El Cardenal.

Se santiguan Reyes y peónes
Reinas, caballos alfiles incan los pies
y escuchan con calma a los sacerdotes
no vaya a ser cosa que se enoje
el Dios del bien.

Los sacerdotes claman silencio
El pueblo enloquecido no quiere escuchar
La guerra ya se ha entamado
el Rey vencido debe abdicar
y entregar sus bienes en el tablero.

Aún no hay vencedores ni vencidos
solo se advierte estratégicos movimientos
mucha cautela para evitar espantos.

El juego deberá seguir
Los sacerdotales abandonan en oración
preparando con devoción
las plegarias del que será vencido.

La pausa ha terminado
los contrincantes vuelven al redil
los blancos piensan que un alfil
puede atemorizar a la Dama
que en el centro del tablero
concentra las miradas.

Pero es un caballo blanco
que de un salto un tanto fiero
hace sutil aparición
estrategias del tablero.

Las piezas negras se miran
calculan observan y discuten
esa movida febril parece simple capricho
la Dama se come un blanco picho
que el Rey blanco sacrifica
por olvido al pobrecillo
obligando por principio
al valiente alazán
volverse por donde vino.

Pero la soberbia es mala consejera
y en un arrebato mosntruo
descubren la diagonal
que protegía al reino
dejando a los negros
perder la oportunidad
de alzarce con claridad
a tomar ventaja en el juego.

La algarabía es grande
pero hay que disimular
no se pueden equivocar
de esta metida de pata
y con fervor y osadía
alfil blanco como todo un paje
anuncia un segundo jaque
a nivel de la partida.

Es tarde mi niño relincha el caballo
y en un salto largo lo saca de allí
jubilan los negros
los blancos se callan
el mate se advierte
solemne y voráz.

Los Reyes son Reyes
nobles y fieros
el blanco tan terco
con ojos de Ley
sin odios sin prisa
deja caer la espada
en signo de Adiós.

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