miércoles, 22 de agosto de 2007

La Navidad

Por Sergio Darce

Lapso de tiempo para sensibilizar los pensamientos
que pasan todo el año a la deriva, saturados de sombras,
reducidos a la insustancial tarea del onanismo mental,
como si escribiéramos con tinta invisible en una página blanca.

Por ello Navidad se invento para desplazar
esos pensamientos sombríos y epicúreos que nacen del tedio.
Para reemplazar los grandes bacanales en honor a Baco
por el sosiego etéreo que reposa en la humildad de un pesebre

donde el vaho de un buey es más puro
que la asquerosa resaca de una borrachera.
Se nos contó de una estrella magnifica en el cielo
que proyectaba su luz sobre la casa de David

cumpliéndose las profecías sobre la llegada del Mesías,
Prometeo pescador de hombres.
Pocos creemos que vino a entregarnos el fuego de su Verdad,
los demás lo siguen esperando pacientes hasta la eternidad.

Natividad esculpida en una marqueta sólida de hielo
se derrite bajo el calor abrumador de una promesa,
hombres de poca fe jugando ajedrez con el jugador del cielo
sin medir pecados van subiendo la parada a la apuesta.

Niño, pesebre, buey, asno, ovejas, pastores, María y José:
escena perfecta apologética de un eremita poeta
que parodio hasta el paroxismo el nacimiento de un rey
a quien los mortales le habían dado jaque mate.

La Navidad tiene la virtud de no ponerse rancia
al mezclarse con la mala levadura de nuestra naturaleza.
Tiempo de Esperanza, y de matarnos la arrogancia,
tiempo de morirme y resucitar a una vida de entereza.

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