sábado, 4 de agosto de 2007

Diosa

Llego descalzo a mi casa,
subo 200 escalones de 20 centímetros cada uno.
Hice un recorrido de 4000 centímetros de altura.
Mi cuerpo aguanta; son las 4:30, de madrugada;
hay un silencio total.

Qué estúpido soy, vivo solo.
Se oye un sonido espantoso,
es mi estomago, reclama su vacío,
me sirvo un gran vaso de agua.

Abro el refrigerador y está limpio
tal como hace una semana.

Al cerrar la puerta de mi cuarto
aparece la diosa Caisa,
desdoblando su magnetismo y seduciéndome.
Cierro mis ojos, me concentro y me sumerjo en el tablero.

Ideas fluyen en el flanco de dama, gran estrategia a resolver.
Las horas devastadoras consumen mi soledad
en el juego de Mijail Tahl.
Mi cabeza revienta, me sirvo un enorme vaso de ron.

Brindo en compañía de mis cuatro paredes.
Le sonrió al techo ¡y a la vida!
Se me olvidan mis grandes vacíos internos.
Mi estomago se ha callado.

Mis neuronas están revolucionadas, mis 19 años están eufóricos.
Anochece y me pongo mis botas.
La diosa Caisa ha decidido descansar
pero la diosa de mi noche me espera en el Bucabar *.

* Bucabar: Centro nocturno en la ciudad de México a unas cuadras del Reloj Chino de la avenida Bucareli. (Desaparecido)

La dipsomanía, las pistas de baile y el ajedrez,
gambetearon en mi espíritu de adolescente
que despellejaba la piel del hombre que nacía
en cada momento intenso vivido.
el peón aislado